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ELEMENTOS

 

El universo, incluyendo la casa dentro de la cual viven -el cuerpo-, está compuesto de los cinco elementos: Tierra, agua, fuego, aire y éter, elementos que actúan sobre los sentidos como olor, gusto, color, textura y sonido.  Puesto que los elementos son emanaciones divinas, cada uno de ellos debe ser tratado con reverencia y cautela.  Por ejemplo:  La tierra.  Si esparcen semilla en la tierra pueden no brotar, si la siembran demasiado profundo, tampoco podrán echar sus retoños.  Pueden abandonar la lucha por elevarse hasta la luz.  Así también, hay un límite al calor que pueden soportar o al sonido que puedan oír sin sufrir daño; no pueden respirar durante un tifón ni pueden sus tímpanos resistir la presión de una explosión muy cercana.  Cualquier uso de los elementos, por encima de los límites establecidos es un sacrilegio para el Dios que les dio el medio a través del cual viaja el sonido.

El agua es de donde emana el principio del  rasa, el factor del gusto.  En el estómago del hombre debe haber un equilibrio de los varios sabores, dulce, amargo, salado, ácido, agrio, picante, etcétera.  Si el equilibrio es roto por el predominio de un sabor cualquiera, la salud sufre una caída.  Si las emanaciones de cualquiera de los cinco componentes elementales de su cuerpo son más de lo que es tolerable, la salud será dañada y la práctica espiritual también se verá afectada.  Traten los elementos como si fueran la vestimenta del Todopoderosos.  El es la corriente que activa todo por doquier.

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